miércoles, 11 de julio de 2007

Extraño regreso


Hoy no corté camino por el parque, caminé por esa inmensa avenida que me acoge
cuando me siento sola y empiezo a divagar.

Hoy fue un día muy “extraño”,
extraño porque no está conmigo,
extraño porque me hace falta,
porque quisiera escuchar su voz,
porque echo de menos su aroma.
Muy extraño en realidad.

Hoy como todas las quincenas
me invadió la nostalgia.
Nostalgia porque hubieron cosas buenas,
cosas buenas que no me dejan en paz
y arman carruseles en mi cabeza.

Entonces sigo caminando y siento el frío en las manos,
manos que extrañan tanto acariciar
y que se quieren perder entre otras tal vez más frías,
tal vez un poco tibias
estas manos indecentes se quieren perder en la nostalgia de los abrazos.

He dado la vuelta ya a la esquina
y quisiera empezar a correr para perderme aunque sea un poco entre los demás
pero es tarde
y no hay nadie
la calle está vacía.
Quisiera seguir buscando e intentar huir
para dejar de pensar, para terminar este día extraño.

He llegado.
Mientras meto la llave me digo
“estoy faltando en vano a mi trabajo”
y en vano trabajo mi cerebro consumiéndolo, entre que recuerdo y divago.

Soy expulsada del exterior
en un abrupto cerrar de puertas
y me acabo de dar cuenta que la inmensa avenida no es tan infinita.
¿Dejaré de caminar por ella?
¿Dejarán de haber días extraños?

Ahora estoy dentro y es como despertar.
Todo está apagado.
Apagado quedó mi día
porque ya es hora de soñar “extraño”.

Es el fin porque como todo,
el día también termina,
como la avenida (¿como la nostalgia?)
como el frio
como lo oscuro.
¡Ahora sueño que camino!

Lo sé, es extraño.